Hace diez años, un papa llamó hermana a la tierra.
No era metáfora poética. Era teología. Francisco retomaba el Cántico de las criaturas de san Francisco de Asís y lo convertía en punto de partida de la encíclica más leída de su pontificado: Laudato si', publicada en mayo de 2015. Una carta dirigida, por primera vez en la historia del Magisterio, no solo a los católicos, sino a cada persona que habita este planeta.
Diez años después, la encíclica sigue siendo urgente. El cambio climático no ha mejorado. La cultura del descarte tampoco. Y la pregunta que Francisco lanzaba entonces, "¿qué le está pasando a nuestra casa común?", sigue sin respuesta suficiente.