Jardineros de la Creación, una actividad para Educación Primaria

JardinerosJardineros son los que cuidan el jardín. Cuidar el jardín es hacer que aparezca lo más bello posible, que saque su mejor esencia, respetando cada forma de vida que habita en él y ayudando a que preserve su belleza. Es el mandato de la Biblia, es el deseo del papa Francisco en su encíclica Laudato Si’, y también es un contenido de Religión Católica en Primero de Primaria.

Contexto curricular

Con esta actividad pretendemos trabajar desde el currículo de Religión Católica de Primero de Primaria, concretamente el bloque 1, el sentido religioso del ser humano. Estos son los elementos curriculares que vamos a trabajar:

Contenidos

  • La Creación como regalo de Dios. El ser humano, obra maestra de la Creación

Criterio de evaluación

  1. Identificar y valorar la Creación como acto de amor de Dios a las personas.

Estándares de aprendizaje

  • 1.1. Conoce, respeta y cuida la obra creada.
  • 1.2. Expresa con palabras propias el asombro por lo que Dios hace.

 

Para llevar adelante la actividad, utilizaremos el clásico modelo «ver, juzgar y actuar».

Ver (experiencia humana)

Se propone a los niños el análisis de las siguientes imágenes sobre el estado en que se encuentra la Creación hoy en día:

(Primero imágenes preciosas de atardeceres y océanos limpios, y después imágenes de plásticos y efectos de la contaminación).

Jardineros

 

JardinerosSe pregunta a los niños quién creen que ha manchado la Creación y por qué. La idea es que se den cuenta de que el ser humano puede crear cosas muy buenas, pero que también es capaz de destruir la Creación.

 

Juzgar (a la luz de la Palabra y el Magisterio)

Leemos con los alumnos un fragmento de la Biblia (Gn 2, 8-9.15).

«[8] El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado. [9] El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida en mitad del jardín y el árbol de conocer el bien y el mal. [15] El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén para que lo guardara y lo cultivara».

A continuación, se formulan las siguientes preguntas:

  • ¿A qué jardín se refiere la Biblia?
  • ¿Quiénes son los jardineros que aparecen?
  • ¿Qué tienen que hacer los jardineros con el jardín? ¿Tienen que ensuciarlo y mancharlo o tienen que guardarlo y cultivarlo?

Si nosotros somos los jardineros…, ¿qué significa que guardemos y cultivemos el jardín que es la Tierra entera?

Actuar

A continuación, vamos a trabajar con los niños y les vamos a pedir que cada uno piense una gran idea para convertirnos en los jardineros que necesita la Tierra. ¿Qué podemos hacer aquí y ahora? ¿Qué podemos hacer con el plástico, con las luces, con el agua…? ¿Podemos ser jardineros en nuestra clase? ¿Y en el colegio?

El maestro tiene que estar atento a lo que le dicen los niños y entre todos organizar alguna pequeña acción que ayude a concienciarlos de la importancia de cada gesto para conseguir ser los jardineros que Dios quiere que seamos, tal como hemos escuchado en la Biblia.

Después, los invitaremos a colorear este pequeño cartel con el que todos nos comprometeremos a ser jardineros de la Tierra.

Jardineros

Imagen tomada y adaptada de: http://www.wikipekes.com/dia-de-la-tierra-dibujos.html

Por último, escuchamos unas palabras del papa Francisco:

 

También podemos leer este fragmento de Laudato Si’:

  1. «Laudato Si’, mi’ Signore» – «Alabado seas, mi Señor», cantaba san Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana con la que compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba».

 

  1. Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto» (Rm 8, 22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2, 7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura.

 

Jesús M. Gallardo Nieto

Profesor de Religión Católica