Hay Biblias infantiles que terminan en una estantería, abiertas solo de vez en cuando, como si fueran un libro bonito pero demasiado serio. Cuando van creciendo, a veces acaban peor. Y, sin embargo, la Biblia nació para ser contada. Para pasar de boca en boca, de generación en generación, de una comunidad a otra. Antes de ser una página impresa fue relato, escucha, memoria, pregunta, canción, gesto.
En Infantil y en los primeros cursos de Primaria, quizá ahí está la clave: no empezar por explicar qué es la Biblia como si estuviéramos delante de una definición, sino abrirla como quien abre una ventana. Una ventana por la que entra una historia, una imagen, una voz, una pregunta: “¿qué creéis que va a pasar ahora?”. ¡Te cuento cómo!