En la escuela todo ocurre hacia fuera: los recreos, las risas, los cuadernos, las prisas. Pero dentro de cada niña y cada niño hay un espacio secreto que pocas veces se visita: la interioridad. Ese lugar donde viven las emociones, los pensamientos y las preguntas grandes. En Religión Católica, acompañar ese descubrimiento forma parte esencial del aprendizaje, porque enseñar a mirar hacia dentro es ayudar a crecer hacia fuera.