Hay un momento que muchos profesores y profesoras de Religión conocen bien. Llevas el texto preparado, lo lees en voz alta, preguntas qué les parece… y el aula queda en silencio. No es que el alumnado esté desinteresado. Es que no sabe qué hacer con lo que acaba de escuchar. Y, si somos honestos, a veces tampoco nosotros teníamos muy claro para qué lo habíamos traído.
La Biblia es el recurso más usado en clase de Religión y, posiblemente, el menos trabajado en clave pedagógica. Está en los materiales, en las programaciones, en las alusiones de pasillo. Pero llevarla al aula de un modo que funcione de verdad requiere algo más que abrirla por una página adecuada al tema del día. Esta entrada quiere ser un repaso honesto de los errores que cometemos con más frecuencia, y de las estrategias que sí funcionan.