Hay días —y no son pocos— en los que hablar de paz en el aula suena a consigna vacía. Las noticias entran por la puerta antes que nosotros, el alumnado trae conflictos reales, y la palabra “paz” corre el riesgo de quedarse en una pancarta bonita colgada en el pasillo.
Por eso el cine sigue siendo una de las mejores mediaciones educativas en la clase de Religión: porque no explica la paz, la narra; no la define, la pone en juego; no la impone, la hace deseable.