“Manos atadas”, una metáfora de la liberación del #Adviento

ManosManos atadas es una metáfora sobre el sentido de la liberación y libertad que nos aporta el Adviento. Un tiempo para liberarnos de lo que no nos deja ser nosotros mismos.

«Érase una vez un hombre como todos los demás. Un hombre normal. Tenía cualidades positivas y negativas. No era diferente. Una vez llamaron repentinamente a su puerta. Cuando salió, se encontró a varios amigos que habían venido juntos. Sus amigos entraron y le ataron las manos. Le dijeron que así era mejor, que así, con sus manos atadas, no podía hacer nada malo (se olvidaron de decirle que tampoco podía hacer nada bueno). Y se fueron dejando a un guardián a la puerta para que nadie pudiera desatarle.

Al principio, se desesperó y trató de romper las ataduras. Cuando se convenció de lo inútil de sus esfuerzos, intentó acomodarse a su nueva situación. Poco a poco consiguió valerse para seguir subsistiendo con las manos atadas. Inicialmente le costaba hasta quitarse los zapatos. Hubo un día en que consiguió liar y encender un cigarrillo. Y empezó a olvidarse de que antes tenía las manos libres.

Pasaron muchos años. El hombre llegó a acostumbrarse a sus manos atadas. Mientras tanto, su guardián le comunicaba día a día las cosas malas que hacían en el exterior los hombres con las manos libres (se le olvidaba decirle las cosas buenas que hacían en el exterior los hombres con las manos libres). Siguieron pasando los años. El hombre llegó a acostumbrarse a sus manos atadas.

Y cuando el guardián le señalaba que, gracias a aquella noche en que entraron a atarle, él, el hombre de las manos atadas, no podía hacer nada malo (no le señalaba que tampoco podía hacer nada bueno), el hombre comenzó a creer que era mejor vivir con las manos atadas. Además, estaba tan acostumbrado a las ligaduras… Pasaron muchos, muchísimos años… Un día sus amigos sorprendieron al guardián, entraron en la casa y rompieron las ligaduras que ataban las manos del hombre. —Ya eres libre —le dijeron. Pero habían llegado demasiado tarde. Las manos del hombre estaban totalmente atrofiadas.»

Carlos Giner y Alfonso Francia, Educar con parábolas Ed. CCS. Madrid, 1991.

  • Leer la primera parte del texto entre todos. Después, unos voluntarios lo representan mientras un narrador vuelve a leer esta primera parte.
  • Dejar al protagonista maniatado con una cinta o venda ancha y suave durante un rato. — Cada uno, de manera individual, apuntará en una hoja cómo ve reflejada esta situación en su vida, en su casa, en la clase, en su barrio…
  • Desatar al protagonista de la representación, comentar sus dificultades y los sentimientos que ha tenido y cómo han reaccionado los demás.
  • Continuar la lectura con la segunda parte de la narración.
  • Al terminar la lectura, reflexionar a partir de preguntas como las siguientes: ¿Qué mensaje nos transmite esta parábola? ¿Con quién o quiénes te sientes identificado? ¿En qué aspectos de tu vida te sientes atado? ¿Qué ataduras podemos romper? Desde la clase de Religión, ¿qué podemos decir o hacer ante situaciones parecidas?
  • ¿Por qué crees que comienza este domingo el Tiempo de Adviento con una invitación a liberarse?
  • Puedes rezar con esta pequeña oración de Adviento.