Fundamentalismo y religión: una distinción necesaria

fundamentalismoAnte la reciente situación que está aconteciendo en Afganistán, que lanza interrogantes y búsqueda de soluciones a todos los estamentos, conviene pararse un momento y distinguir entre lo que es una religión y lo que es el fundamentalismo religioso. En este artículo ofrecemos algunas pistas para que los educadores y profesores de Religión Católica puedan clarificar algunas cuestiones básicas y trabajar con los alumnos en clase.

¿Qué es el fundamentalismo religioso?

Las religiones han surgido como una forma de relación entre el ser humano y la trascendencia. Una «religación» que hace que nos sintamos interpelados por la realidad más allá de nosotros, que hace que trascendamos nuestra realidad y que dotemos de sentido lo que nos rodea.

Desde que el ser humano es ser humano se ha planteado cuestiones que exceden a la Ciencia y a la Filosofía o que al menos estas dos disciplinas han dado respuestas parciales que han seguido haciendo que la búsqueda de sentido sea incompleta desde esas únicas perspectivas. La Religión ha otorgado respuestas y ha ido evolucionando para que la búsqueda sea más completa.

No obstante, en muchas ocasiones, todas las religiones, han sucumbido a alianzas peligrosas con el poder, a interpretaciones que privan de libertad al ser humano y que han hecho más mal que bien. Todas las religiones corren el peligro de convertirse en ideología a través del fundamentalismo religioso.

El avance de los Derechos Humanos, la Ciencia y la Filosofía, han ayudado a que la Religión, al menos en muchos lugares del mundo ocupe su lugar en diálogo con estas disciplinas haciendo que evolucione. Sin embargo el fundamentalismo religioso se niega al diálogo y huye hacia una interpretación literal de los textos que se escriben en el origen, percibiendo el progreso, la libertad y los intercambios con otras disciplinas como elementos perturbadores que diluyen la esencia de la «religión más pura». Ahí surgen los problemas.

El auge del fundamentalismo

El panorama religioso actual, en la que prima el desconocimiento general de la Religión provoca la existencia de una religión líquida para esta sociedad líquida (Bauman, 2007), es decir una religión a la carta (Moncada, 1996), que provoca que no haya un pensamiento fuerte y que parezca que “todo vale” en lo religioso. Este es el caldo de cultivo para la aparición de actitudes reactivas (Márquez Beunza, 2013), provocando la actitud de “atrincheramiento cognitivo” (Berger, 1975), cuya muestra más dolorosamente significativa es el fundamentalismo y el sectarismo.

Dentro de la buena noticia que supone el resurgir de lo religioso como la parte identitaria más íntima del ser humano, nos encontramos que ha venido acompañado de un rebrote de los fundamentalismos religiosos. Lo cierto es que es algo que ha descolocado al mundo entero porque justamente cuando se creía que la religión había dejado de tener un poder preponderante en nuestra sociedad, el zarpazo de los ataques terroristas fundamentalistas ha puesto de manifiesto, desde finales de la década de 1970 una explosión de fe militante dispuesta a todo (Armstrong, 2009).

Los atentados de las Torres Gemelas, los conflictos religiosos, el avance de los Talibanos… nos han mostrado el lado más virulento del fundamentalismo, pero, aunque sus efectos son devastadores, lo más preocupante es el caldo de cultivo donde se producen esos “fanáticos religiosos” capaces de llevar a cabo este tipo de actos desde la fe. Esto se va “trabajando” poco a poco de manera pausada y tranquila, en el día a día, procurando vivir una vida religiosa en un mundo que, para ellos, es el enemigo de su fe (Armstrong, 2009).

Nuestro mundo es un caldo de cultivo para este tipo de situaciones pues vivimos en un momento fundamentalista, en actitudes e ideologías, en sensibilidad religiosa y apegos nacionalistas (Mardones, 1999). En todos los campos parece que no hay término medio, hay poco sitio para la moderación en política, en religión, en ideas, en forma de afrontar la vida… Se esgrime como lema eso de «o conmigo o contra mí». Lemas como el famoso «America First» o cualquiera que exalte la identidad frente a la diversidad son un caldo de cultivo excelente para los fundamentalismos, también los religiosos.

El fundamentalismo pone de relieve los aspectos no resueltos entre modernidad y religión, es decir, entre la relación conflictiva que se viene arrastrando desde la Edad Moderna. Quizá es posible que el fruto de aquel conflicto, haya llevado a esta forma rígida de denuncia de la trivialidad de una sociedad de consumo de sensaciones y a la vez llena de relativismo moral (Mardones, 2005), la búsqueda de la identidad y la solidez que ofrece pertenecer a un grupo con ideales claros y marcados en estos tiempos líquidos, es una de las bazas que aporta el fundamentalismo.

Una de las causas que explican la aparición del fundamentalismo tiene que ver con el fenómeno de una globalización que privilegia dimensión científico-técnica instrumental que evalúa la realidad desde criterios de eficacia utilidad pragmatismo y rentabilidad olvidando otras dimensiones de sentido. Tras tres siglos de ilustración y racionalidad instrumental la sociedad se resiente al carecer de respuestas para cuestiones fundamentales que siguen latentes (Márquez Beunza, 2013).

Más allá de las conquistas humanizadoras de la modernidad, entre las que se incluyen el reconocimiento de los derechos individuales y sociales o la consolidación de la democracia, está acumulado también excesos y contradicciones hay elementos que han provocado situaciones de pérdida de seguridad en el ser humano que han propiciado la búsqueda de seguridad que aporta el fundamentalismo religioso. Es precisamente esa inseguridad y pérdida de fe en lo humano, el caldo de cultivo en el que se forja esa forma distorsionada y, en ocasiones, agresiva de lo religioso que constituye el fundamentalismo.

Otro grupo de causas apunta al fenómeno de la globalización cultural , que produce una homogenización en modas y estilos de vida, favoreciendo un fuerte sentimiento de relatividad cultural.

Las tradiciones, firmes antaño, se convierten repentinamente en un producto humano frágil y cambiante. Lo que creyeron y vivieron las generaciones anteriores, se torna ahora relativo, generando en algunas personas la inseguridad de lo que hasta ahora se consideraba objetivo y verdadero.

Algunos autores han definido la sociedad dual como una sociedad «destradicionalizada» (Ratzinger, 2013), que ha perdido gran parte de las tradiciones que servían como referente a los individuos y le proporcionaban un sentido de estabilidad y seguridad (Hervieu-Leger, 2009). El sujeto contemporáneo es un individuo sin tradiciones (a veces ni si quiera porque haya renegado de ellas, sino simplemente porque no se han transmitido o porque le interesan más otras cuestiones), que no tiene ya claras ni las certezas religiosas que ha perdido las referencias existenciales y de sentido.

El paso a la sociedad industrial ha significado la quiebra del mundo tradicional religioso. Este fenómeno se ha visto agudizado con la globalización. La religión ha dejado de ser un referente externo determinante la construcción de la identidad, porque hay otras fuentes, frecuentemente más atractivas, que ofrecen modos de construcción de identidad alternativo.

Ante ese proceso de crecimiento de la autonomía personal y de desvinculacion de los individuos respecto a aquellas instituciones fuertemente ligadas a la traición como es el caso de las instituciones religiosas, es frecuente que se produzca un fenómeno de contrarreacción como el fundamentalismo.

Uno de los factores desencadenantes es la inseguridad. Se convierte en caldo de cultivo para el desarrollo de reacciones de carácter fundamentalista. En cuanto movimiento de reacción identitaria, el fundamentalismo religioso apunta hacia uno de los riesgos de la religiosidad contemporánea, el del relativismo y la actualidad subjetivista.

Podemos resumir las dos características principales de todo fundamentalismo en dos:

  • En primer lugar, la búsqueda de certeza y seguridad. Junto a la ya mayoritaria tendencia de individuos que viven su religiosidad en un marco de aceptación de la incertidumbre, la pluralidad de verdades y de sistemas de sentidos, se alza lo que Scott Appleby ha definido como religión fuerte (strong religion) aquella que busca certezas, verdades claras y evidentes, referencias estables y validación comunitaria o institucional de la creencia (Almond, Appleby, & Sivan, 2003).
  • En el segundo lugar, la interpretación literal de los textos religiosos. Quizá sea más problemático hablar de interpretación en el ámbito musulmán pues según la tradición que se viva, cualquier interpretación está prohibida. En el ámbito judío hay más tradición de interpretar la escritura, ya que incluso algunos de sus documentos religiosos son interpretaciones de la Torá, como por ejemplo el Talmud.

En cuanto a la religión Católica, ha habido una tradición literalista que prácticamente llegó hasta el Concilio Vacticano II y que se dejó de lado con la constitución dogmática Dei Verbum, que trataba de acercar el mundo bíblico al “pueblo de Dios” (Concilio Vaticano II, 1989). Sin embargo, para combatir el fundamentalismo, la Iglesia Católica creó una comisión para velar por los principios básicos de interpretación de la Biblia y para promocionar su lectura en las comunidades, es la Pontificia Comisión Bíblica. En uno de sus documentos más célebres, La interpretación de la Biblia en la Iglesia, ofrece una serie de referencias sobre el fundamentalismo y la interpretación literal de la Biblia. (Pontificia Comisión Bíblica, 1994). No obstante esa tradición aún no se ha erradicado del seno de la Iglesia y vuelve con más o menos fuerza cada cierto tiempo.

En conclusión, podemos afirmar:

  • El fundamentalismo surge como reacción al fracaso de las expectativas puestas en la ciencia y en el progreso como nueva religión que había desplazado a las antiguas.
  • Los fundamentalistas encuentran seguridad, estabilidad y valores claros y distintos.
  • Los fundamentalistas recurren a una interpretación literal de los textos religiosos para justificar sus actos.
  • El fundamentalismo, por tanto, es una forma aberrante de la religión, que, partiendo de elementos religiosos, se aparta de su naturaleza convirtiéndose en algo que es justamente opuesto a lo que es la religión.

¿Qué podemos hacer en clase de Religión Católica?

Los procesos de enseñar, aprender, aumentar los conocimientos, fomentar una mejor comprensión y la lucha contra los prejuicios, son fundamentales para poder conocer mejor y poder decidir libremente. La enseñanza de la Religión mediante un currículo estructurado y abierto al diálogo con otras disciplinas ayudará a detectar el fundamentalismo religioso. Por eso es tan importante poder estudiar Religión en el colegio y no solamente recibir nociones religiosas en casa.

No debemos olvidar que la Enseñanza Religiosa Escolar (ERE) no es catequesis, sino un acercamiento a la inteligencia de la fe, por eso, debemos tener claros estos criterios:

  • Enseñar con el fin de promover el conocimiento y la comprensión.
  • No promover una concreta opción religiosa o no religiosa;
  • Dejar en suspenso los propios puntos de vista y actitudes;
  • Empatizar con la persona de otra religión o modo de vida;
  • Distinguir entre comprensión y juicio.

Otra cosa diferente será la acción pastoral, pero la ERE no tiene como objetivo conducir a la fe, sino comprender la fe.

Un pequeño test de «resultados esperados de aprendizaje» nos puede ayudar a comprender si estamos en el buen camino con nuestros alumnos. Será cuando podamos observar en ellos algunos de estos elementos:

  • Actitudes de tolerancia y respeto hacia el derecho de los individuos a adscribirse a un sistema de creencias o una religión en particular, lo cual incluye el derecho a no creer en ningún sistema religioso o de creencias.
  • Una capacidad de relacionar asuntos relacionados con religiones y creencias con cuestiones más amplias sobre derechos humanos (tales como la libertad de religión y la libertad de expresión) y el fomento de la paz (es decir, la capacidad de religiones y creencias para resolver y prevenir conflictos);
  • Unos conocimientos fundamentales sobre diferentes religiones y sistemas de creencias, y el conocimiento de las variaciones que existen dentro de todas las religiones y creencias, con referencia tanto al contexto local/nacional como a zonas geográficas mayores;
  • Una comprensión de que hay varias formas legítimas de ver la historia y la evolución histórica (multiperspectiva);
  • El conocimiento de los contextos que se asocian con los grandes acontecimientos históricos relativos a las diferentes religiones y sistemas de creencias; de nuevo, aquí debe combinarse la atención específica a las circunstancias nacionales/locales con una perspectiva geográfica y cultural más amplia;
  • Una comprensión de la importancia de las creencias religiosas filosóficas en la vida de una persona;
  • La conciencia de las similitudes y diferencias entre diferentes religiones y creencias;
  • La capacidad, basada en unos conocimientos sólidos, de reconocer y cuestionar los estereotipos negativos que existen en relación con comunidades religiosas y sus miembros;
  • Una comprensión histórica y psicológica de cómo una falta de respeto hacia las diferencias religiosas ha dado lugar a violencia extrema en el pasado y, en relación con esto, la importancia de que la gente desempeñe una función activa en la protección de los derechos de los otros (responsabilidad cívica);
  • La capacidad de contrarrestar, de forma respetuosa y sensible, un clima de intolerancia y discriminación, cuando éste se presenta.

A modo de conclusión

  • El conocimiento acerca de las religiones y creencias puede hacernos más conscientes de la importancia que tiene respetar el derecho de todas las personas a la libertad de religión o creencia, fomentar la ciudadanía democrática, impulsar la comprensión de la diversidad en el seno de la sociedad y, al mismo tiempo, incrementar la cohesión social.
  • El conocimiento acerca de las religiones y creencias tiene un valioso potencial para reducir los conflictos que tienen su origen en la falta de comprensión de las creencias de los demás, y para fomentar que se respeten sus derechos.
  • El conocimiento acerca de las religiones y creencias constituye un componente esencial de una educación de calidad. Es requisito para comprender gran parte de la historia, la literatura y el arte, y puede ser útil para ampliar los horizontes culturales y para adquirir una visión más profunda de la complejidad del pasado y del presente.
  • La enseñanza acerca de religiones y creencias es especialmente eficaz cuando se combina con el empeño por inculcar el respeto por los derechos de los demás, aun cuando haya desacuerdos en cuanto a la religión o las creencias. La libertad de religión o creencia es un derecho universal y lleva consigo la obligación de proteger los derechos de los demás, incluido el respeto a la dignidad de todos los seres humanos.

Jesús M. Gallardo Nieto

Profesor de Religión Católica

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