Hay algo que el profesorado de Religión sabe bien, aunque no siempre lo nombre: una imagen bien usada puede abrir en el alumnado preguntas que ningún texto explicativo lograría. El problema es que muchas veces los recursos visuales llegan al aula de manera decorativa. Se proyectan, se miran durante treinta segundos y se pasan. O se entregan como material de apoyo sin ninguna instrucción concreta de qué hacer con ellos. El mural acaba en la pared y el mapa en la carpeta, y ninguno de los dos ha generado el aprendizaje que podría haber generado.