#ReliEsTendencia radiografía de los docentes de Religión

Docentes¿Quiénes son los docentes de Religión Católica? ¿Qué formación tienen? ¿Cuáles son sus miedos, sus sueños y dificultades? En esta entrada analizamos a uno de los protagonistas del acto educativo, los docentes. Vamos a conocerles mejor.

Principales datos estadísticos sobre los docentes

Hablamos principalmente de profesoras. Aunque en las aulas de Secundaria (sobre todo de centros religiosos) la situación es más equilibrada, en las de Primaria, y especialmente de centros públicos, la proporción de mujeres es todavía mayor.Docentes

Casi el 90% de estos docentes tienen entre 30 y 60 años, es decir, no son ni recién llegados ni acaban de empezar. No tienen próxima la jubilación. Eso sí, se observa un mayor relevo generacional en la escuela religiosa, en la que la proporción tanto de docentes jóvenes (>30 años) como de docentes veteranos (<60 años) es algo mayor que en el resto.

Los laicos son quienes en mayor medida imparten la asignatura de Religión. La proporción de sacerdotes y religiosos/as solo aumenta ligeramente en el caso de los centros religiosos, en especial en la etapa de Secundaria.Docentes

Casi la mitad del este profesorado (46%) es veterano, lo que en la práctica significa que lleva 16 o más años ejerciendo la docencia. Los profesores más experimentados trabajan en la escuela pública y en la religiosa, que es donde están los más jóvenes. Además del importante descenso en las vocaciones religiosas, tras el Concilio Vaticano II es un hecho que la presencia e implicación de los seglares en las tareas cotidianas de la Iglesia haya ido en aumento, hasta el punto de que cada vez más, son ellos los encargados de desarrollar casi en exclusiva muchas de ellas.

El 40% de los profesores suele impartir otras materias en el centro además de Religión. Entre los docentes de la escuela privada ocurre en el 85% de los casos; entre los de la escuela pública, la proporción es mucho menor: solo uno de cada cinco lo hace.

En los centros de inspiración católica es frecuente que el desempeño de las funciones directivas (sobre todo la de director/a titular) recaiga en manos de religiosos/as o sacerdotes mientras que aquellas que tienen que ver más con el trabajo de aula (incluyendo al área de Pastoral) son para los seglares. Además de ejercer la docencia, muchos de estos profesores desempeñan también otras funciones en los centros en los que trabajan, especialmente si son escuelas de carácter privado.

En el caso de la escuela pública solo uno de cada tres realiza otras tareas al margen de sus clases de Religión. Son, entre otras, coordinar la Biblioteca, impartir clases de apoyo y refuerzo educativo, asumir la coordinación TIC del centro o ayudar como monitor en el comedor escolar.

En Primaria, el 55% son tutores, el 14% son coordinadores de Pastoral y el 30% son miembros del equipo directivo. En Secundaria, el 26% son tutores, el 27% son coordinadores de Pastoral y el 42% son miembros del equipo directivo. Dos de cada tres imparten otras asignaturas además de Religión.

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¿Qué formación tienen estos docentes?

La gran mayoría de los profesores que enseña en Primaria está diplomado/graduado en Magisterio. Además, un 15% posee alguna otra titulacion superior y un 14% formación teológica especifica. El 94% posee DE/DECA. Son docentes en formación casi permanente: Dos de cada tres ha realizado más de 20 horas de formación durante cada curso pasado (entre los docentes de Primaria, incluso más). Los motivos que alimentan esta actitud favorable a la actualización profesional son muy diversos y varían de unos casos a otros. En general podrían destacarse, al menos, los siguientes:

En el caso de los centros de carácter privado:

  • La sensación de que el mundo educativo está en plena transformación y de que para «no perder el tren, no queda más remedio que ponerse al día no solo en lo que al perfil formativo se refiere, sino también en la manera de dar clase, en las temáticas abordadas, etc.
  • La apuesta decidida por la innovación metodológica por parte de los centros, como respuesta a las familias que los sostienen y que, cada vez más, demandan una «educación integral y de calidad para sus hijos.

En el caso de los centros de titularidad pública:

  • La formación continua es un aspecto muy bien valorado por las Delegaciones Diocesanas de Enseñanza, ya que suelen tenerlo en cuenta a la hora de gestionar las plazas a ocupar por parte de estos docentes en los centros educativos.
  • El temor de muchos docentes a no ser capaces de frenar la pérdida de alumnos que tanto afecta a la asignatura de Religión, sobre todo en la etapa de Secundaria.

 

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Las temáticas con las que se busca actualizar los perfiles confirman las conclusiones anteriores; competencias para renovar y dinamizar la clase (uso de la tecnología, didáctica de la Religión, bilingüismo), aprendizaje de las últimas innovaciones metodológicas (cooperativo, inteligencias múltiples, competencias y rúbricas), actualización de los contenidos para adecuarlos al alumnado de hoy (Biblia, arte sacro, espiritualidad e interioridad), etc.

Nada menos que el 40% de estos docentes se forma de manera autodidacta en temáticas relacionadas directamente con el área de Religión. Un 33% participa en redes informales de profesores de Religión para intercambiar materiales, resolver dudas, etc

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¿Se sienten preparados los docentes para la tarea que tienen que desarrollar?

La mayor parte de docentes (74%) se siente buen profesional y se muestra satisfecho con su preparación académica, que ve adecuada para impartir la asignatura de Religión. Los aspectos en los que mejor preparados se sienten son precisamente aquellos que contribuyen a hacer de esta asignatura una materia diferente al resto, a saber, su enfoque vivencial y los contenidos teóricos específicos (por ejemplo, arte sacro, uso de la Biblia, etc.). Aquellos que se muestran en desacuerdo coinciden en que la formación recibida debería ser más práctica y diferenciarse por niveles educativos.

En general, señalan como principales debilidades la falta de actualización y su carácter excesivamente teórico, que a veces dificulta la adaptación de la materia a la realidad específica del alumnado. Tal vez por ello los aspectos en los que menos preparados se ven estos docentes son la enseñanza en un entorno de pluralidad religiosa y el trabajo con alumnos con necesidades educativas especiales.

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Estas opiniones apenas varían tanto si se enseña en un centro público o en uno privado. Sin embargo presentan ligeras variaciones en función de la etapa; por lo general, los docentes de Secundaria se sienten mejor preparados en lo que a conocimientos teóricos se refiere mientras que los de Primaria se ven más fuertes en las facetas más vivenciales del área.

Al margen de estos motivos, se mencionan también otros aspectos como, por ejemplo, tener interés por acompañar a los alumnos en su de desarrollo integral como personas o llevar una vida cristiana coherente.

 

¿Qué se espera de estos docentes? ¿Qué motivaciones tienen?

No hay dudas sobre la importancia de que el docente de Religión:

  • Dé testimonio de vida cristiana (86%).
  • Permanezca fiel a la Iglesia (84%) y sea enviado por ella (57%).

Sobre si debe o no realizar una tarea eclesial y misionera además de docente, surgen más dudas, aunque un 47% se muestra de acuerdo con ello el resto ofrece reservas (31%) o directamente se posiciona en contra (21%).

La motivación más importante es sin lugar a dudas la de poder enseñar. Estos profesores se muestran seguros en su vocación docente, hasta el punto de que algo más de la mitad reconoce que «desde siempre» quiso dedicarse a la docencia (se da especialmente entre los que imparten clase en Primaria). De hecho, dos de cada tres asegura que “las ventajas de
la profesión docente superan claramente a los inconvenientes”.

Para otro 19% más, junto con este motivo también es importante el factor «espiritual», ya que además de poder enseñar lo que les mueve es la posibilidad de combinar lo educativo con su experiencia de fe. Ocurre sobre todo entre los docentes de la escuela religiosa, tanto si son de Primaria como de Secundaria.

En tercer lugar nos encontramos con los que reconocen abiertamente que ser profesor de Religión es “un buen trabajo” en la medida en que les permite ganarse la vida haciendo algo que verdaderamente les gusta. Esta opinión es más frecuente entre aquellos que imparten clase en Secundaria en centros públicos.

Por último, están aquellos para los que la posibilidad de evangelizar a los jóvenes constituye el motor de su vocación docente. Aunque son tan solo un 4%, poseen un discurso compacto y bien argumentado, son quienes más importancia dan a la necesidad de mantenerse fieles
la Iglesia y también a ser enviados por ella para realizar esta labor

 

Sienten poco valorado su trabajo

Al igual que ocurre con muchos otros profesores, la mayor parte de los docentes de Religión (69%) opina que su trabajo es poco valorado por la sociedad. De hecho, uno de cada tres afirma que ni siquiera en los centros educativos su labor es suficientemente apreciada (sobre todo si se trata de centros públicos) por lo que, si pudieran, se plantearían incluso cambiar de trabajo.

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A pesar de ello, de los cambios y vaivenes legislativos y de la creciente presión social sobre esta asignatura, son mayoría (80%) los profesores que ven con optimismo su actual situación como docentes de Religión y afirman encontrarse satisfechos con ella.

Los que muestran mayor inseguridad e indiferencia representan menos de un tercio del total y son sobre todo docentes de centros públicos que imparten clase en Secundaria.

Sobre si se sienten o no apoyados por la Iglesia en su labor como docentes de Religión hay cierta división de opiniones; si bien son mayoría quienes perciben con claridad este apoyo (51%), casi un tercio de los profesores consultados muestra algunas reservas y un 25% más manifiesta abiertamente no sentirse suficientemente respaldado por ella.

 

La mirada de los alumnos

Al preguntarles por cómo creen que son percibidos por sus alumnos, la mayoría coincide en que lo más valorado es su cercanía y su capacidad para generar un buen ambiente en clase (81%). Los propios docentes reconocen que a menudo uno de sus objetivos para esta asignatura es precisamente ese, el de motivar a los alumnos y trabajar no solo los
aspectos más teóricos del currículo, sino también otros de carácter más vivencial o relacionados con valores universales.

Actuar como profesor y guía no solo dentro del aula, sino también en los pasillos, en el patio, etc. Por eso, es frecuente que los alumnos terminen planteando en esta asignatura cuestiones que les inquietan y les preocupan, dudas personales, incertidumbres, etc. aspectos que normalmente no tienen cabida en otras clases y que sin embargo son importantes para ellos.

El docente ya no es solo el que posee o almacena datos. Ahora es un facilitador: su misión pasa por acompañar a los alumnos en su largo proceso de descubrimiento-aprendizaje.

También destacan su interés por acompañar a los alumnos en su de desarrollo integral como personas (47%), por servir de ayuda en su proceso de autoconocimiento y aprendizaje; la coherencia entre lo que enseñan y cómo viven (40%) y su respeto a la diversidad religiosa de la clase (32%).

Casi un tercio afirma que sus alumnos se refieren a ellos como profesores motivadores y con recursos suficientes para dinamizar el aula (29%).

Sin embargo «no es oro todo lo que reluce». Estos mismos docentes también reconocen la distancia que a veces existe entre lo que tratan de enseñar a sus alumnos y lo que muchos de ellos piensan o viven en casa. El resultado es que en ocasiones también son vistos como «aburridos», «anticuados» o simplemente como «bichos raros».

A pesar de ello y de las especificidades de la asignatura (pocas horas lectivas a la semana, carga teórica más reducida, ser una materia optativa, menor presencia en los centros de los docentes que la imparten, etc.), más de la mitad (60%) cree que los alumnos no hacen distinción entre ellos y el resto de profesores y se muestran conformes por recibir el mismo trato que los demás docentes del centro.Docentes

Una radiografía que aporta conocimiento. Un conocimiento que aporta valor. Gracias a tantos docentes de Religión que se parten y se reparten en el día a día se mantiene viva la llama del conocimiento de la fe.

 

Jesús M. Gallardo

Profesor de Religión Católica.