#ReliEsTendencia La misión de educar en tiempos revueltos tendencia de la Religión en el aula

Comenzamos una serie de artículos que ayudarán a comprender la situación de la Religión Católica y su tendencia actual en las aulas y aportarán materiales diversos para reflexionar y trabajar en el aula con las últimas tendencias que se dan en la asignatura de Religión Católica.

Un estudio sobre la situación real de la Religión

Partimos de un estudio realizado por la editorial edebé desde una perspectiva metodológica cuantitativa. La recogida de información se ha llevado a cabo mediante un cuestionario online. En total se ha registrado la opinión de 672 profesores/as de Religión de Primaria y Secundaria de centros públicos y privados de todas las comunidades autónomas.

Este estudio responde a las siguientes preguntas:

  • ¿Cómo es la enseñanza de la Religión en los centros educativos?
  • ¿Qué innovaciones metodológicas se están dando en torno a esta asignatura? ¿Qué metodologías son tendencia?
  • ¿Cuál es la importancia de los recursos y herramientas digitales en ella?
  • ¿Qué relación existe entre la clase de Religión y el área de Pastoral?

 

Para comenzar, una reflexión. Ser profesor de Religión hoy en día: la misión de educar en tiempos revueltos. ¿Una tendencia “suicida”?

1. En “tiempos revueltos”, una tendencia a la que nos enfrentamos

Los “tiempos revueltos” son el pan nuestro de cada día para los que nos hemos sentido llamados a educar, y de modo especial para los profesores de Religión Católica. Claro que son tiempos revueltos, no voy a ser yo quien diga que estamos en un tiempo que no tiene aspectos negativos, corrupción, abusos, considerar a la persona como un producto de consumo, mala gestión emocional, una brecha económica abismal… ¿Y en las aulas? Pues se han convertido en un reflejo a escala de la sociedad: brecha económica, tecnología sin educación, increencia o pasotismo religioso…

El problema está en que “lo revuelto” no nos gusta, o al menos no hace sentirnos cómodos… Pero nunca ha habido un tiempo tranquilo o que no tuviera algo de “revuelto” en la historia de la Iglesia. ¿O eran más favorables los tiempos de Jesús?, ¿o eran menos revueltos? ¿Y si miramos los tiempos de los fundadores de las Congregaciones dedicadas a la educación?… Sin embargo, ellos supieron aprovechar su tiempo para ofrecer algo diferente, algo que marcara la “diFErencia”. Debemos crear nueva tendencia.

Este es el tiempo que nos ha tocado vivir, es nuestro Kairós, donde crecemos, donde nos desarrollamos, donde podemos llegar a ser lo que queremos ser y donde podemos ofrecer a nuestros alumnos todas las posibilidades. Nuestra labor es descubrir que este es realmente el tiempo favorable (2Cor 6,2).

Don Bosco, fundador de la Familia Salesiana, tenía unas intuiciones muy interesantes. Una de ellas nos recuerda que no hay que quejarse del tiempo en que vivimos, sino aprovechar todas las posibilidades que nos ofrece, especialmente si hace bien a los jóvenes.

A pesar de lo revuelto y lo difícil, nunca como ahora hemos tenido oportunidades para crecer y para hacer crecer a los alumnos. Nunca como ahora hemos estado tan comunicados ni el conocimiento ha tenido un acceso más democrático. Nunca como ahora ha habido tantas libertades… Es cierto que lo negativo no deja de existir, pero no podemos perder el optimismo y la alegría, y como educadores examinarlo todo para quedarnos con lo bueno (1Tes 5, 21). Desde ahí tiene sentido la segunda parte del título: educar

Podemos comparar estos tiempos revueltos con un jardín. Un jardín en el que podemos encontrar tres tipos de educadores:

  • Los educadores “mariposa”, que son los que van de flor en flor, “mariposeando”, pasando por encima de la vida de los alumnos sin realmente cuidarlos ni ayudarlos a crecer.
  • Los educadores “escarabajo pelotero”. Los escarabajos peloteros se fijan sobre todo en la “porquería”, en lo que está mal, y se pasan el día haciendo una bola con ella, restregándola por todos lados y sin levantar la vista para contemplar las flores.
  • Por último, están los educadores “jardineros”, que son los que pueden contemplar la belleza de cada flor (alumno) y cuidarla y mejorarla, incluso echando el abono que necesita. En el fondo estamos llamados a poner orden en este tiempo revuelto, en este jardín de la educación y la enseñanza religiosa escolar en que nos hemos metido.

 

2. Educar es tendencia

Todas las oportunidades que nos ofrece nuestro tiempo son ocasiones para acercarnos a ellos, para poder transmitir un mensaje diferente. Educar lo es todo. El ser humano nace genéticamente depauperado, las competencias con las que nace son mínimas. No hay ningún ser tan inacabado como nosotros. Por eso necesitamos, es una exigencia, la educación.

Lo que somos lo aprendemos no por instinto, sino por educación. Si la educación es auténtica y respetuosa, nos ayudará a ser la mejor versión de nosotros mismos. Y esa es la labor del educador: ser educador es ayudar a cada alumno, a cada persona que tenemos a nuestro cargo a ser la mejor versión de ella misma que puede llegar a ser.

En ese sentido, la Pastoral nos ayuda a cuidar una dimensión interior, una dimensión que puede quedar aislada o incluso atrofiada en algunas concepciones de educación que no contemplan este aspecto porque, como dijo Piaget, la Inteligencia (también la espiritual) se desarrolla con la acción… ¡también la espiritual! Y es tan necesaria una buena educación que cuide “lo interior” porque nos hace muy diferentes de otros seres vivos: nuestra capacidad de darnos cuenta de quiénes somos realmente, nuestra capacidad de religarnos y comprometernos con un ser que nos trasciende, nuestra capacidad de hacer un análisis interior para descubrir la naturaleza íntima de lo que somos e incluso encontrarnos habitados. Aquí tenemos un papel importante los profesores de Religión.

Educar en todas las dimensiones, todas sus inteligencias, especialmente la espiritual, capacitándolos para desarrollarse en cualquier escenario, en cualquier universo, confiando en sus propias capacidades. Y sin perder de vista esa inquietud por formar personas no solo competentes, sino solidarias.

Quizá en estos tiempos revueltos es lo más grande que podemos ofrecer. Ante tantos malos ejemplos, ante la falta de ética, formar personas capaces de mirar a los demás para ayudar, para hacer más humano nuestro mundo es verdaderamente apasionante.

3. Misión

Por último, la misión, porque educar es una misión que un educador creyente sabe situar adecuadamente. Lo nuestro no es una tarea, es una misión, un envío. Esta misión nos trasciende, porque va más allá de nosotros mismos. El mismo hecho de educar es trascendente, pues cuando educamos a estos “habitantes del presente” (expresión de Francesc Torralba) que son los alumnos, no podemos perder de vista que ellos son el futuro de la Iglesia y la sociedad. El educador creyente se da cuenta de que su misión tiene sentido ahora y en el futuro.

Por eso, educar se convierte en misión, que va unida inseparablemente a la vocación cristiana. Siempre que aparece una vocación, una llamada en la Biblia, lo es para hacer algo, para una misión. Llamados para ser enviados a educar en tiempos revueltos y en tiempos de bonanza, a ser artistas y poder convertir el tiempo revuelto en tiempo favorable.

Una persona creyente, una persona educadora, tiene como misión despertar la mejor versión de los alumnos, sin miedo a navegar en medio de la tempestad de estos tiempos revueltos, pues, aunque el Maestro parezca dormir, la certeza de su presencia en la barca de nuestra vida es capaz de calmar cualquier tempestad interior (cf. Mc 4, 35-41).

¿Nos acompañas en esta aventura que será “Reli” es tendencia?

Jesús M. Gallardo Nieto

Profesor de Religión Católica