La Cuaresma no es un paréntesis emocional ni un simple alto en el camino. Es una oportunidad real para mirarnos por dentro, discernir y dejarnos transformar. En Secundaria y Bachillerato podemos —y vale la pena hacerlo— trabajarla desde la responsabilidad ética, la mirada crítica y el compromiso con los demás.
Hablar de limosna, ayuno y oración está bien, pero no es suficiente. Necesitamos convertirlos en experiencias concretas, vividas, que puedan evaluarse y que desarrollen competencias reales en el alumnado.