Cuaresma, un recurso

Os dejamos unas oraciones elaboradas por Óscar Alonso, responsable del Área Pastoral FEC

“Los discípulos de Juan se le acercaron a Jesús” (Mt 9,14-15)

Señor Jesús,
eso queremos nosotros:
en medio de nuestra jornada, del ajetreo diario, en medio de nuestras mil tareas y ocupaciones… queremos acercarnos a ti.

Acercarnos para verte, para escucharte, para gozar de tu presencia, para darte un abrazo, para invitarte a tomar algo, para compartir
lo que somos y vivimos,
lo que soñamos
y necesitamos.

Acercarnos a ti, Señor Jesús, para que nos abraces, para que tu mirada disipe nuestras dudas y sane nuestras desconfianzas. Para dejarnos querer por ti, para experimentar tu cercanía, sensibilidad
y ternura.

Señor Jesús,
que hoy nos acerquemos a ti como aquellos discípulos de Juan y en ti permanezcamos
toda la jornada.
Así sea

 

 

“Si alguno quiere venir en pos de mí…” (Lc 9,22-25)

Señor Jesús,
ahora que no movíamos esta Cuaresma,
te damos gracias por invitarnos,
una vez más,
a seguirte,
a acompañarte en esta aventura del Reino,
a vivir en “modo feliz”.

Señor Jesús,
gracias por recordarnos que seguirte es una opción y una respuesta personal que debemos dar cada uno y que requiere voluntad, negarse a uno mismo, cargar con las propias cruces y ponerse
en camino.

Señor Jesús,
gracias por contar
con nosotros
y con todo lo nuestro, gracias por acompañar nuestras pobrezas e incoherencias,
nuestro pecado y nuestras indiferencias.

Señor Jesús,
gracias por este tiempo de camino junto a ti. Haz que en este día tenga tiempo para dedicártelo a ti y para permanecer en tu presencia sin más palabra que yo mismo. Así te lo pido.
Así sea

 

 

La doble medida

Señor, disculpa mis flaquezas,
mis caídas y silencios.
Dame otra oportunidad.
Olvida mis negaciones,
mi tibieza, mis eternas contradicciones.
Ábreme otra vez la puerta,
acógeme en tu casa
y en tu abrazo.
Tú, que sabes cómo soy.

Perdona tú, hijo,
a quien te hirió con sus flaquezas,
sus caídas y silencios…
a quien no estuvo a la altura,
a quien no supo quererte bien…

Pero ¿por qué?
¿para que me vuelva a herir,
me falle de nuevo,
o me deje en la estacada?
¿Cómo olvidar la decepción,
las medianías,
las perpetuas frustraciones?
¿Por qué mantener la puerta abierta,
mi casa dispuesta y el brazo tendido?

He ahí el dilema, constante y humano.
La doble medida. La piedad suplicada para uno mismo
y negada al otro. El amor acogido con gratitud,
pero entregado con cuentagotas.
La claridad ante la necesidad propia,
que se vuelve ceguera ante lo ajeno.
Aprended de mí,
que soy Dios de misericordia.
inspirado en Mt 18, 21-29

 

 

“Es imposible para vosotros, no para Dios. Dios lo puede todo” (Mc 10,17-27)

Señor Jesús,
nos resulta muy complicado acabar para siempre con el hambre y la sed en el mundo, con el hecho de que millones
de personas
no tengan acceso a medicamentos básicos o que millones de niños no puedan ir a la escuela… tú que todo lo puedes… muévenos.

Señor Jesús,
nos resulta dificilísimo abrir las puertas de nuestras casas
a desconocidos inmigrantes
o a refugiados que buscan asilo y hogar, sentarnos a la mesa con ellos, dejar lo nuestro para que lo nuestro sea de todos, compartir nuestro bienestar con quién apenas está bien en ningún lugar…
tú que todo lo puedes… muévenos.

Señor Jesús,
nos resulta muy complejo luchar a diario y en todas partes contra la mediocridad, la corrupción,
la mentira, la injusticia, la falta de compromiso, la exclusión,
la indiferencia,
el egoísmo y el yoísmo reinantes…tú que todo lo puedes… muévenos.

Señor Jesús,
para nosotros muchas cosas son imposibles. Somos así
de pequeños.
Pero sabemos que para ti nada hay imposible. Mueve nuestras entrañas, convierte nuestro corazón,
haz que sea posible todo cuanto parece imposible.
Así te lo pedimos.
Así sea

Oscar Alonso Peno
Responsable Área Pastoral FEC

 

 

“No hay nadie que lo haya dejado todo por mí y por el Evangelio que no reciba ahora cien veces más”
(Mc 10,28-31)

Guau!!! Señor Jesús. Qué gusto levantarse, ponerse en tu presencia y encontrarse con el evangelio de hoy.
¡Qué bocanada de alegría,
de entusiasmo,
de sentir que vas en serio, que lo tuyo con nosotros es de verdad, que seguirte
merece la pena!

Señor Jesús,
hoy tu palabra nos recuerda que quien te sigue y lo deja todo por ti lo recibe todo multiplicado por cien. Que quien se fía de ti nada tiene ya que temer.
Que quien confía en tu promesa ve cumplidas todas las expectativas.
Que quien se desprende de sí mismo, se encuentra en, con y para los hermanos.

Señor Jesús,
sólo me asaltan algunas preguntas:
y si es así, ¿cómo es que no todos te siguen? ¿Cómo es que a nuestro mundo le llama tanto la tentación el tener, el poseer, el acumular, la inmediatez de las recompensas que a penas duran unos segundos?

El evangelio de hoy
es un regalo y una exhortación:
dejarlo todo, comprometeros con este proyecto e invitad a todos los demás a descubrir el proyecto de Dios para con la humanidad.

Señor Jesús,
gracias por este don y esta tarea. Aquí nos tienes una mañana más, dispuestos.
Haz que lo dejemos todo, no casi todo,
sino todo por ti.
Así sea.