Formación continuada

Formación TIC y TAC en Religión Católica

El profesTACor de Religión Católica del siglo XXI debe ser un buen conocedor del “universo TIC”, o más bien en el TAC, aunque tampoco estaría mal que fuera conocedor de las TEP… ¿No te suenan estas siglas? Vamos a echar un vistazo a estas tendencias que en el fondo nos ayudan a educar a los alumnos en la competencia digital. También conoceremos en este artículo una serie de conceptos básicos para comprender mejor cómo utilizar todo este universo digital en nuestra clase de Religión.

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Atención a la diversidad y Religión Católica

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Asumir la diversidad es la esencia de la Religión Católica. Los datos de los recientes informes PISA han confirmado que los sistemas que progresan en equidad también obtienen mejores resultados académicos. La diversidad entendida como oportunidad en lugar de como amenaza, es una de las claves del nuevo proyecto de Religión Católica de la editorial Edebé y entronca con el mismo proyecto de Jesús.

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Inteligencias Múltiples y Religión Católica

InteligenciasA estas alturas de nuestra vida, seguro que todos los Profesores de Religión Católica hemos oído hablar de las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner. Gardner ha demostrado que la inteligencia humana es mucho más amplia que lo que mide el tradicional CI. En concreto, en su primera versión, nos habla de la existencia de 8 inteligencias, aunque no se cerró desde el principio a la posibilidad de la existencia de nuevas inteligencias.

La aportación más importante de esta teoría es la afirmación de que todos somos inteligentes, pero cada uno a su manera (Gardner, 1998). Es sin duda una gran aportación para comprender como funciona la mente humana y cómo poder educar mejor a los alumnos y que tiene que ver con el trabajo que hacemos en el aula como profesores de Religión Católica.

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Los jóvenes y la Iglesia con Rutinas de Pensamiento

Jóvenes SemáforoLa dimensión social de la fe, la sociología de la religión, y la respuesta de los jóvenes a la fe es un contenido interesante que trabajar con los alumnos de Religión Católica. A veces es complicado porque se ciñen solamente a su experiencia cercana y puede contener muchos sesgos. Os ofrecemos un material sencillo para trabajar con ellos de forma dinámica esta realidad y sobre todo para hacerles pensar sobre este tema. Continue Reading →

Carta de Don Bosco sobre los castigos

Castigos no por favorComienza el curso. Y es bueno que los educadores dediquen unos momentos a revisar su práctica docente. Os dejamos aquí un tesoro de la tradición salesiana. La circular sobre los castigos que deben inflingirse en las casas salesianas. Aunque los castigos se deben evitar por todos los medios posibles, si hay que aplicarlos, aquí os dejamos una pequeña “guía” para hacerlo de la manera más instructiva posible heredada de la tradición salesiana.

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5 Herramientas TIC gratuitas para mejorar tus clases de Religión

TICHoy en día las TIC son un elemento, no solamente divertido y atractivo para los alumnos sino una exigencia para educar en la competencia digital. Los profesores de Religión Católica tenemos en nuestras manos herramientas potentes que nos permiten hacer nuestros aprendizajes más efectivos y que de alguna manera salgan del aula a dar testimonio de una buena noticia que va más allá de lo meramente conceptual.

Os presentamos aquí una serie de herramientas TIC útiles que pueden responder a necesidades que van surgiendo en el proceso de enseñanza-aprendizaje en las clases de Religión de cualquier etapa.

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Carlos Ruano: “La clase de Religión contribuye a la educación integral del alumno” Religión Digital (19/05/2016)

Clase de ReligiónOfrecemos la entrevista que Jesús Bastante, de Religión Digital hizo a Carlos Ruano, responsable del estudio “Las tendencias en la enseñanza de la Religión” que ha llevado a cabo la editorial EDEBÉ.

Carlos Ruano es miembro del grupo Edebé, una editorial especializada en contenidos educativos. Están trabajando en una serie de estudios, y este año están presentando uno que aborda la situación de los profesores de religión. Lleva por título “Las tendencias en la enseñanza de la Religión”. Y Carlos es el responsable de este estudio.

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Documentos del papa Francisco comentados

Exhortación del papa Francisco, La alegría del Amor

El salesiano Francesc Riu ha publicado un nuevo libro sobre la exhortación del papa Francisco La alegría del Amor. Este documento papal fue publicado en 2016 bajo el título Amoris laetitia.

 

Autor: Francesc Riu Rovira de Villar

A través del siguiente enlace se accede a la página con los links a webs que el autor ofrece para profundizar en los distintos temas tratados en la exhortación.

LINKS incluidos en la publicación

 

Carta del papa Francisco, Ecología integral

Con este libro de Francesc Riu tenemos la oportunidad de adentrarnos y profundizar en la Carta del papa Francisco sobre ecología integral, la encíclica publicada en 2015 bajo el título Laudato si’.

ecología integral

Autor: Francesc Riu Rovira de Villar

A través del siguiente enlace se accede a la página con los numerosos links a webs que ofrece el autor en esta obra y que facilitan la reflexión en torno a la encíclica papal.

LINKS incluidos en la publicación

 

Conversión en Cuaresma, un mensaje del papa Francisco

Conversión

Ofrecemos aquí el texto íntegro, para dar sentido a la Cuaresma, que nos ha ofrecido su Santidad el papa Francisco. En él nos invita a la conversión de nuestra vida, es decir, a cambiar de dirección y enfocar la vida a Dios y a los hermanos mediante la Misericordia. Ese es el verdadero sentido de la conversión. Es un buen acicate para seguir profundizando en lo que significa la Cuaresma en la vida del creyente.

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Carta de la familiaridad desde Roma (Don Bosco)

Familiaridad crea afectoD. Bosco escribe esta carta desde Roma cuatro años antes de su muerte, durante un viaje para resolver unos asuntos en la Santa Sede. Desde lejos mira su obra y el trabajo realizado durante tantos años y descubre cosas que le llaman la atención y le preocupan: al final de su vida (muere el 31 de enero de 1888), descubre que hay algunos elementos que aún no se han asimilado de su sistema educativo (el sistema preventivo) y teme que no se acabe de entender.

El momento histórico en que escribe también influye sobre todo en los comentarios acerca del elemento religioso, que está influido por una mentalidad en la que el poder político está enfrentado con la Religión Católica, pero sigue siendo un pilar de la educación.

A pesar de que se escribe hace más de un siglo, da unas pistas educativas sobre cómo debe ser el trato con los jóvenes para llegarles al corazón que aún hoy siguen siendo vigentes. Es un retrato sencillo del estilo educativo salesiano. Don Bosco lo cuenta utilizando el recurso del sueño, así presenta de modo muy didáctico los elementos que le interesa resaltar de su estilo educativo.

Carta de Roma

Roma, 10 de mayo de 1884

Muy queridos hijos en Jesucristo:

Cerca o lejos, yo pienso siempre en vosotros. Uno solo es mi deseo: que seáis felices en el tiempo y en la eternidad. Este pensamiento y deseo me ha impulsado a escribiros esta carta. Siento, queridos míos, el peso de estar lejos de vosotros, y el no veros ni oíros me causa una pena que no podéis imaginar. Por eso, habría deseado escribiros estas líneas hace ya una semana, pero las continuas ocupaciones me lo impidieron.

Con todo, aunque falten pocos días para mi regreso, quiero anticipar mi llegada al menos por carta, ya que no puedo hacerlo en persona. Son palabras de quien os ama tiernamente en Jesucristo y tiene el deber de hablaros con la libertad de un padre. Me lo permitís, ¿no? Y vais a prestarme atención y a poner en práctica lo que os voy a decir.

He dicho que sois el único y continuo pensamiento de mi mente. Pues bien, una de las noches pasadas, me había retirado a mi habitación y, mientras me disponía a entregarme al descanso, comencé a rezar las oraciones que me enseñó mi buena madre. En aquel momento, no sé bien si víctima del sueño o fuera de mí por alguna distracción, me pareció que se presentaban delante de mí dos antiguos alumnos del oratorio.

Uno de ellos se acercó y, saludándome afectuosamente, me dijo:
—Don Bosco, ¿me conoce?
—¡Pues claro que te conozco! —le respondí.
—¿Y se acuerda aún de mí? —añadió.
—De ti y de los demás. Tú eres Valfré, y estuviste en el oratorio antes de 1870.
—Oiga —continuó Valfré—, ¿quiere ver a los jóvenes que estaban en el oratorio en mis tiempos?
—Sí, házmelos ver —le contesté—; me dará mucha alegría.

Entonces Valfré me mostró a todos los jovencitos con el mismo semblante, edad y estatura de aquel tiempo. Me parecía estar en el antiguo oratorio en la hora de recreo. Era una escena llena de vida, movimiento y alegría. Quien corría, quien saltaba, quien hacía saltar a los demás; quien jugaba a la rana, quien a bandera, quien a la pelota.

En un sitio había reunido un corrillo de muchachos pendientes de los labios de un sacerdote que les contaba una historia; en otro lado había un clérigo con otro grupo jugando al burro vuela o a los oficios. Se cantaba, se reía por todas partes; y por doquier, sacerdotes y clérigos; y alrededor de ellos, jovencitos que alborotaban alegremente. Se notaba que entre jóvenes y superiores reinaban la mayor cordialidad y la confianza. Yo estaba encantado con aquel espectáculo. Valfré me dijo:
—Vea, la familiaridad engendra afecto, y el afecto, confianza. Esto es lo que abre los corazones, y los jóvenes lo manifiestan todo sin temor a los maestros, los asistentes y los superiores. Son sinceros en la confesión y fuera de ella, y se prestan con facilidad a todo lo que les quiera mandar aquel que saben que los ama.

Entonces se acercó a mí otro antiguo alumno que tenía la barba completamente blanca y me
dijo:
—Don Bosco, ¿quiere ver ahora a los jóvenes que están actualmente en el oratorio? (Era José Buzzetti).
—Sí —respondí—, pues hace un mes que no los veo.
Y me los señaló. Vi el oratorio y a todos vosotros que estabais en recreo. Pero ya no oía gritos de alegría y canciones, ya no veía aquel movimiento, aquella vida de la primera escena. En los ademanes y en el rostro de algunos jóvenes se notaban aburrimiento, desgana, disgusto y desconfianza, que causaron pena a mi corazón.

Vi, es cierto, a muchos que corrían y jugaban con dichosa despreocupación; pero otros, no pocos, estaban solos, apoyados en las columnas, presos de pensamientos desalentadores; otros andaban por las escaleras y los corredores o estaban en los balcones que dan al jardín para no tomar parte en el recreo común; otros paseaban lentamente por grupos hablando en voz baja entre ellos, lanzando a una y otra parte miradas sospechosas y malintencionadas; algunos sonreían, pero con una sonrisa acompañada de gestos que hacían no solamente sospechar, sino creer que san Luis habría sentido sonrojo de encontrarse en compañía de los tales; incluso entre los que jugaban había algunos tan desganados que daban a entender a las claras que no encontraban gusto alguno en el recreo.

—¿Has visto a tus jóvenes? —me dijo el antiguo alumno.
—Sí los veo —contesté suspirando.
—¡Qué diferente de lo que éramos nosotros antaño! —exclamó aquel viejo alumno.
—¡Por desgracia! ¡Qué desgana en este recreo!
—De aquí proviene la frialdad de muchos para acercarse a los santos sacramentos, el descuido de las prácticas de piedad en la iglesia y en otros lugares; el estar de mala gana en un lugar donde la Divina Providencia los colma de todo bien corporal, espiritual e intelectual. De aquí la no correspondencia de muchos a su vocación; de aquí la ingratitud para con los superiores; de aquí los secretitos y murmuraciones, con todas las demás consecuencias deplorables.
—Comprendo —respondí—. Pero ¿cómo reanimar a estos queridos jóvenes para que vuelvan a la antigua vivacidad, alegría y expansión?
—Con el amor.
—¿Amor? Pero ¿es que mis jóvenes no son bastante amados? Tú sabes cómo los amo. Tú sabes cuánto he sufrido por ellos y cuánto he tolerado en el transcurso de 40 años, y cuánto tolero y sufro en la actualidad. Cuántos trabajos, cuántas humillaciones, cuántos obstáculos, cuántas persecuciones para proporcionarles pan, albergue, maestros y, especialmente, para buscar la salvación de sus almas. He hecho cuanto he podido y sabido por ellos, que son el afecto de toda mi vida.
—No hablo de ti.
—¿Pues de quién, entonces? ¿De quienes hacen mis veces: los directores, prefectos, maestros o asistentes? ¿No ves que son mártires del estudio y del trabajo y que consumen los años de su juventud en favor de quienes les ha encomendado la Divina Providencia?
—Lo veo, lo sé; pero no basta; falta lo mejor.
—¿Qué falta, pues?
—Que los jóvenes no sean solamente amados, sino que se den cuenta de que se les ama.
—Pero ¿no tienen ojos en la cara? ¿No tienen luz en la inteligencia? ¿No ven que cuanto se hace en su favor se hace por su amor?
—No —repito—; no basta.
—¿Qué se requiere, pues?
—Que al ser amados en las cosas que les agradan, participando en sus inclinaciones infantiles, aprendan a ver el amor en aquellas cosas que naturalmente les agradan poco, como son la disciplina, el estudio, la mortificación de sí mismos, y que aprendan a hacer estas cosas con amor.
—Explícate mejor.
—Observe a los jóvenes en el recreo.
Observé. Después dije:
—¿Qué hay que ver de especial?
—¿Tantos años educando a la juventud y no comprende? Observe mejor. ¿Dónde están nuestros salesianos?

Me fijé y vi que eran muy pocos los sacerdotes y clérigos que estaban mezclados entre los jóvenes, y muchos menos los que tomaban parte en sus juegos. Los superiores no eran ya el alma de los recreos.

La mayor parte de ellos paseaban, hablando entre sí, sin preocuparse de lo que hacían los alumnos; otros jugaban, pero sin pensar para nada en los jóvenes; otros vigilaban de lejos, sin advertir las faltas que se cometían; alguno que otro corregía a los infractores, pero con ceño amenazador y raramente.

Había algún salesiano que deseaba introducirse en algún grupo de jóvenes, pero vi que los muchachos buscaban la manera de alejarse de sus maestros y superiores.

Entonces mi amigo continuó:
—En los primeros tiempos del oratorio, ¿usted no estaba siempre con los jóvenes, especialmente durante el recreo? ¿Recuerda aquellos hermosos años? Era una alegría de paraíso, una época que recordamos siempre con cariño porque el amor lo regulaba todo, y nosotros no teníamos secretos para usted.
—¡Cierto! Entonces todo era para mí motivo de alegría, y en los jóvenes, entusiasmo por acercárseme y quererme hablar; existía verdadera ansiedad por escuchar mis consejos y ponerlos en práctica. Ahora, en cambio, las continuas audiencias, mis múltiples ocupaciones y la falta de salud me lo impiden.
—De acuerdo; pero si usted no puede, ¿por qué no le imitan sus salesianos? ¿Por qué no insiste y exige que traten a los jóvenes como los trataba usted?
—Yo les hablo e insisto hasta cansarme, pero desgraciadamente muchos no se sienten con fuerzas para arrostrar las fatigas de antaño.
—Y así, descuidando lo menos, pierden lo más; y este más son sus fatigas. Que amen lo que agrada a los jóvenes, y los jóvenes amarán lo que les gusta a los superiores. De esta manera, el trabajo les será llevadero. La causa del cambio presente del oratorio es que un grupo de jóvenes no tiene confianza con los superiores. Antiguamente todos los corazones estaban abiertos a los superiores, a quienes los jóvenes amaban y obedecían prontamente.

Pero ahora, los superiores son considerados solo como tales y no como padres, hermanos y amigos; por tanto, son temidos y poco amados. Por eso, si se quiere formar un solo corazón y una sola alma por amor a Jesús, hay que romper esa barrera fatal de la desconfianza y sustituirla por la confianza cordial. Así pues, que la obediencia guíe al alumno como la madre a su hijo. Entonces reinarán en el oratorio la paz y la antigua alegría.

—¿Cómo hacer, pues, para romper esta barrera?
—Familiaridad con los jóvenes, especialmente en el recreo. Sin familiaridad no se demuestra el afecto, y sin esta demostración no puede haber confianza. El que quiere ser amado debe demostrar que ama. Jesucristo se hizo pequeño con los pequeños y cargó con nuestras enfermedades. ¡He aquí el maestro de la familiaridad! El maestro al cual solo se ve en la cátedra es maestro y nada más; pero, si participa del recreo de los jóvenes, se convierte en un hermano. Si a uno se le ve en el púlpito predicando, se dirá que no hace más que cumplir con su deber, pero, si dice en el recreo una buena palabra, es palabra de quien ama. ¡Cuántas conversiones no se debieron a alguna de sus palabras dichas de improviso al oído de un jovencito mientras se divertía!

El que sabe que es amado, ama, y el que es amado, lo consigue todo, especialmente de los jóvenes. Esta confianza establece como una corriente eléctrica entre jóvenes y superiores. Los corazones se abren y dan a conocer sus necesidades y manifiestan sus defectos. Este amor hace que los superiores puedan soportar las fatigas, los disgustos, las ingratitudes, las molestias, las faltas y las negligencias de los jóvenes. Jesucristo no quebró la caña ya rota ni apagó la mecha humeante. He aquí vuestro modelo.

Entonces no habrá quien trabaje por vanagloria; ni quien castigue por vengar su amor propio ofendido; ni quien se retire del campo de la asistencia por celo a una temida preponderancia de otros; ni quien murmure de los otros para ser amado y estimado por los jóvenes, con exclusión de todos los demás superiores, mientras, en cambio, no cosecha más que desprecio e hipócritas zalamerías; ni quien se deje robar el corazón por una criatura y, para adular a esta, descuide a todos los demás jovencitos; ni quienes por amor a la propia comodidad, dejen a un lado el gravísimo deber de la vigilancia; ni quien por falso respeto humano, se abstenga de amonestar a quien necesite ser amonestado. Si existe este amor efectivo, no se buscarán más que la gloria de Dios y el bien de las almas.

Cuando languidece este amor es que las cosas no marchan bien. ¿Por qué se quiere sustituir el amor por la frialdad de un reglamento? ¿Por qué los superiores dejan de cumplir las reglas que Don Bosco les dictó? ¿Por qué el sistema de prevenir desórdenes con vigilancia y amor se va reemplazando poco a poco por el sistema, menos pesado y más fácil para el que manda, de dar leyes que se sostienen con castigos, encienden odios y acarrean disgustos, y si se descuida el hacerlas observar, producen desprecio para los superiores y son causa de desórdenes gravísimos.

Esto sucede necesariamente si falta familiaridad. Si, por tanto, se desea que en el oratorio reine la antigua felicidad, hay que poner en vigor el antiguo sistema: El superior sea todo para todos, siempre dispuesto a escuchar toda duda o lamentación de los jóvenes, todo ojos para vigilar paternalmente su conducta, todo corazón para buscar el bien espiritual y temporal de aquellos a quienes la Providencia ha confiado a sus cuidados. Entonces los corazones no permanecerán cerrados ni reinarán ya ciertos secretitos que matan. Solo en caso de inmoralidad sean los superiores inflexibles. Es mejor correr el peligro de alejar de casa a un inocente que quedarse con un escandaloso. Los asistentes consideren como un gravísimo deber de conciencia el referir a los superiores todo lo que sepan que de algún modo ofende a Dios.

Entonces, yo pregunté:
—¿Cuál es el medio principal para que triunfen semejante familiaridad y amor y confianza?
—La observancia exacta del reglamento de la casa.
—¿Y nada más?
—El mejor plato en una comida es la buena cara.

Mientras mi antiguo alumno terminaba de hablar así y yo seguía contemplando con verdadero disgusto el recreo, poco a poco me sentí oprimido por un gran cansancio que iba en aumento. Esta opresión llegó a tal punto que no pudiendo resistir por más tiempo, me estremecí y me desperté. Me encontré de pie junto a mi lecho. Mis piernas estaban tan hinchadas y me dolían tanto que no podía estar de pie. Era ya muy tarde; por ello, me fui a la cama decidido a escribir estos renglones a mis queridos hijos. Yo no deseo tener estos sueños, porque me cansan demasiado.

Al día siguiente me sentía agotado; no veía la hora de irme a la cama por la noche. Pero he aquí que, apenas me acosté, comenzó de nuevo el sueño.

Tenía ante mí el patio, los jóvenes que están actualmente en el oratorio y el mismo antiguo alumno. Comencé a preguntarle:
—Lo que me dijiste se lo haré saber a mis salesianos; pero ¿qué debo decir a los jóvenes del oratorio?
Me respondió:
—Que reconozcan lo mucho que trabajan y estudian los superiores, maestros y asistentes por amor a ellos, pues si no fuese por su bien, no se impondrían tantos sacrificios; que recuerden que la humildad es la fuente de toda tranquilidad; que sepan soportar los defectos de los demás, pues la perfección no se encuentra en el mundo, sino solamente en el paraíso; que dejen de murmurar, pues la murmuración enfría los corazones; y, sobre todo, que procuren vivir en la santa gracia de Dios. Quien no vive en paz con Dios, no puede tener paz consigo mismo ni con los demás.
—¿Entonces me dices que hay entre mis jóvenes quienes no están en paz con Dios?
—Esta es la primera causa del malestar, entre las otras que tú sabes y debes remediar sin que te lo tenga que decir yo ahora. En efecto, solo desconfía el que tiene secretos que ocultar, quien teme que estos secretos sean descubiertos, pues sabe que le acarrearía vergüenza y descrédito. Al mismo tiempo, si el corazón no está en paz con Dios, vive angustiado, inquieto, rebelde a toda obediencia, se irrita por nada, se cree que todo marcha mal, y como él no ama, juzga que los superiores tampoco le aman a él.
—Pues, con todo, ¿no ves, amigo mío, la frecuencia de confesiones y comuniones que hay en el oratorio?
—Es cierto que la frecuencia de confesiones es grande, pero lo que falta en muchísimos jóvenes que se confiesan es la firmeza en los propósitos. Se confiesan, pero siempre de las mismas faltas, de las mismas ocasiones próximas, de las mismas malas costumbres, de las mismas desobediencias, de las mismas negligencias en el cumplimiento de los deberes. Así siguen meses y meses e incluso años, y algunos llegan hasta el final de los estudios. Tales confesiones valen poco o nada; por tanto, no proporcionan la paz, y si un jovencito fuese llamado en tal estado al tribunal de Dios, se vería en un aprieto.
—¿Hay muchos de esos en el oratorio?
—Pocos, en comparación con el gran número de jóvenes que hay en casa. Fíjate.

Y me los iba indicando. Miré, y vi uno por uno a aquellos jóvenes. Pero, en estos pocos, vi cosas que amargaron grandemente mi corazón. No quiero ponerlas por escrito, pero cuando vuelva quiero comunicarlas a cada uno de los interesados. Ahora os diré solamente que es tiempo de rezar y de tomar firmes resoluciones; de hacer propósitos no de boca, sino con los hechos, y de demostrar que los Comollo, los Domingo Savio, los Besucco y los Saccardi viven todavía entre nosotros. Por último, pregunté a aquel amigo mío:

—¿Tienes algo más que decirme?
—Predica a todos, mayores y pequeños, que recuerden siempre que son hijos de María Santísima Auxiliadora. Que ella los ha reunido aquí para librarlos de los peligros del mundo, para que se amen como hermanos y den gloria a Dios y a ella con su buena conducta; que es la Virgen quien les provee de pan y de cuanto necesitan para estudiar con innumerables gracias y portentos. Que recuerden que están en vísperas de la fiesta de su Santísima Madre y que, con su auxilio, debe caer la barrera de la desconfianza que el demonio ha sabido levantar entre jóvenes y superiores, y de la cual sabe aprovecharse para ruina de algunas almas.
—¿Y conseguiremos derribar esta barrera?
—Sí, ciertamente, con tal de que mayores y pequeños estén dispuestos a sufrir alguna pequeña mortificación por amor a María y pongan en práctica cuanto he dicho.

Entretanto yo continuaba observando a mis jovencitos, y ante el espectáculo de los que veía encaminarse a su perdición eterna, sentí tal angustia en el corazón que me desperté. Querría contaros otras muchas cosas importantísimas que vi, pero el tiempo y las circunstancias no me lo permiten.

Concluyo: ¿Sabéis qué es lo que desea de vosotros este pobre anciano que ha consumido toda su vida por sus queridos jóvenes? Pues solamente que, guardadas las debidas proporciones, vuelvan a florecer los días felices del antiguo oratorio. Los días del amor y la confianza entre jóvenes y superiores; los días del espíritu de condescendencia y de mutua tolerancia por amor a Jesucristo; los días de los corazones abiertos con tal sencillez y candor, los días de la caridad y de la verdadera alegría para todos. Necesito que me consoléis dándome la esperanza y la palabra de que vais a hacer todo lo que deseo para el bien de vuestras almas.

Vosotros no sabéis apreciar la suerte de estar acogidos en el oratorio. Os aseguro, delante de Dios, que basta que un joven entre en una casa salesiana para que la Santísima Virgen lo tome en seguida bajo su especial protección. Pongámonos, pues, todos de acuerdo. La caridad de los que mandan y la caridad de los que deben obedecer hagan reinar entre nosotros el espíritu de san Francisco de Sales. Queridos hijos míos, se acerca el tiempo en que tendré que separarme de vosotros y partir para mi eternidad. (Nota del secretario: Al llegar aquí, Don Bosco dejó de dictar; sus ojos se inundaron de lágrimas, no a causa del disgusto, sino por la inefable ternura que se reflejaba en su rostro y en sus palabras; unos instantes después continuó): Por tanto, mi mayor deseo, queridos sacerdotes, clérigos y jóvenes, es dejaros encaminados por la senda del Señor, que Él mismo desea para vosotros.

Con este fin, el Santo Padre, al cual he visto el viernes 9 de mayo, os envía de todo corazón su bendición. El día de María Auxiliadora me encontraré en vuestra compañía ante la imagen de nuestra amorosísima Madre. Quiero que esta gran fiesta se celebre con toda solemnidad: que don José y don Segundo se encarguen de que la alegría reine también en el comedor. La festividad de María Auxiliadora debe ser el preludio de la fiesta eterna que hemos de celebrar todos juntos un día en el paraíso.

Vuestro afectísimo amigo en Jesucristo,
JUAN BOSCO, Pbro.

Pistas para la reflexión:

  1. ¿Qué es lo que te ha llamado más la atención? Indica las 10 frases más significativas para ti.
  2. «La familiaridad engendra afecto, y el afecto, confianza». Traslada esas expresiones a tu entorno. ¿Cómo se puede trabajar esa familiaridad con los chicos con los que trabajas?
  3. No basta querer a los chicos, ellos tienen que darse cuenta de que verdaderamente se les quiere. ¿Cómo se puede trabajar esto? ¿Qué gestos concretos se podrían tener para con ellos? ¿De qué tipo de afecto crees que habla D. Bosco?
  4. Relee la carta como si estuviera dirigida a ti únicamente. En tu comportamiento con los chicos, ¿dónde te sitúas, en los primeros tiempos del oratorio, o en los del final? Reflexiona sobre la relación pedagógica que mantienes con los alumnos y analiza los puntos en los que puedes mejorar y los ya logrados a la luz de la carta.

Puedes descargarlo aquí.

El Sistema Preventivo de Don Bosco

Don Bosco Sistema PreventivoD. Bosco tiene intención de escribir algo acerca de su sistema preventivo, pero debido a sus numerosas ocupaciones no tiene tiempo para ello, así que decide exponer las líneas básicas de este en espera de encontrar el momento más adecuado para poder desarrollarlo completamente. Estas líneas básicas es lo que recoge esta entrada. Hay que tener en cuenta que D. Bosco, antes que un teórico de la educación, es una persona eminentemente práctica, y que este folleto es el fruto comprimido de muchos años de práctica en la educación con los chicos. Hay que leerlo en la clave del educador cristiano, que es en la que lo escribe D. Bosco, y teniendo en cuenta el contexto histórico y eclesial en el que se movió, una época en que Iglesia y educación estaban muy unidas. A pesar de que el lenguaje es propio de esa época, da pistas a los educadores que realmente quieren entregarse a la labor de hacer de los alumnos «buenos cristianos y honrados ciudadanos».

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Autoestima baja: indicadores para detectarla

Autoestima baja

Quizá educar en una sana autoestima sea uno de los principales retos de los docentes en estos tiempos tecnológicos tan faltos de orientación en el mundo de los afectos. La asignatura de Religión Católica permite un acercamiento a la interioridad de los alumnos que, en muchas ocasiones, nos muestra elementos dañados en la autoestima.

En esta entrada aportamos algunas pautas que puedan ayudar a los maestros a una detección precoz de baja autoestima en sus alumnos y a establecer acciones encaminadas a mejorar su situación.

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Competentes en diálogo intercultural

Competentes

Una de las características más claras del ADN de la religión católica es el diálogo con la cultura. Desde su origen, el cristianismo aprendió a dialogar en las claves culturales de cada época para hacer comprensible su mensaje. Ofrecemos este recurso, adaptado por Francesc Riu, sdb, para los profesores de Religión que se preparan para acompañar a sus alumnos en el proceso educativo que les hará competentes en diálogo intercultural.

Descárgatelo AQUÍ

Laudato si’

blossoming dandelion

Te ofrecemos un enlace a la web del Vaticano donde encontrarás Carta Encíclica Laudato Si’ del Santo Padre Francisco sobre el cuidado de la casa común.

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Categorización de Estándares de Aprendizaje del Área de Religión Católica

Plantilla de referencia en la que se clasifican por rango los diferentes estándares de cada curso intentando delimitar los logros del aprendizaje (Básico, Intermedio, Avanzado). Además se relacionan los estándares de aprendizaje con las siete competencias, marcando específicamente a cuales de ellas contribuyen.

Educación Primaria: Descárgatelo AQUÍ

Educación Secundaria: Descárgatelo AQUÍ

Bachillerato: Descárgatelo AQUÍ

Nuevo currículum del Área de Religión

Resolución de 11 de febrero de 2015, de la Dirección General de Evaluación y Cooperación Territorial, por la que se publica el currículo de la enseñanza de Religión Católica de la Educación Primaria y de la Educación Secundaria Obligatoria. (BOE del 24 de febrero de 2015)

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Resolución de 13 de febrero de 2015, de la Dirección General de Evaluación y Cooperación Territorial, por la que se publica el currículo de la enseñanza de Religión Católica de Bachillerato. (BOE del 24 de febrero de 2015)

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Nuevo Currículo de la Enseñanza de la Religión Católica de la educación primaria. Cuadro comparativo de los nuevos contenidos.

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La clase de Religión, un nuevo Atrio de los Gentiles

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En abril de 2014, el salesiano Francesc Riu fue invitado al Forum Europeo de la Enseñanza de la Religión, celebrado en Praga. Allí impartió la conferencia titulada “Salir a la periferia del cristianismo. La clase de Religión, un nuevo Atrio de los Gentiles”. En ella Francesc nos invita a reflexionar sobre la clase de Religión como un espacio de encuentro intercultural y a menudo interreligioso, como en un nuevo Atrio de los Gentiles, una oportunidad para dar a conocer con gozo el mensaje de Jesús de manera nueva y renovada.

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Simbología: La luz y el fuego

En el siguiente documento descubriréis el significado del símbolo de la luz y del símbolo del fuego. En el apartado del Cajón de ideas encontraréis también una ficha para trabajarlos con los alumnos de 2.º de Primaria.

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Evangelii Gaudium

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Te ofrecemos un enlace a la web del Vaticano donde encontrarás la exhortación apostólica del Santo Padre Francisco sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual.

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Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa

Te ofrecemos un enlace a la web del Ministerio de Educación dónde puedes consultar la nueva Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa, aprobada en 2013.

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Descubre el significado de otros símbolos:

01. Árbol I (Descárgatelo AQUÍ)
02. Arcoíris (Descárgatelo AQUÍ)
03. Barca (Descárgatelo AQUÍ)
04. Escalera (Descárgatelo AQUÍ)
05. Luz y estrellas (Descárgatelo AQUÍ)
06. Pan (Descárgatelo AQUÍ)
07. Agua (Descárgatelo AQUÍ)
08. Ancla (Descárgatelo AQUÍ)
09. Arbol II (Descárgatelo AQUÍ)
10. Aureola (Descárgatelo AQUÍ)
11. Cirio Pascual (Descárgatelo AQUÍ)
12. Magos de Oriente (Descárgatelo AQUÍ)
13. Números en la Biblia (Descárgatelo AQUÍ)
14. Pez (Descárgatelo AQUÍ)
15. Tetramorfos (Descárgatelo AQUÍ)
16. Vid (Descárgatelo AQUÍ)

Orden ministerial sobre competencias, contenidos y criterios de evaluación

Orden ECD/65/2015, de 21 de enero, por la que se describen las competencias, los contenidos y los criterios de evaluación de la educación primaria, la educación secundaria obligatoria y el bachillerato (BOE del 29 de enero de 2015)

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