Autoestima baja: indicadores para detectarla

Autoestima baja

Quizá educar en una sana autoestima sea uno de los principales retos de los docentes en estos tiempos tecnológicos tan faltos de orientación en el mundo de los afectos. La asignatura de Religión Católica permite un acercamiento a la interioridad de los alumnos que, en muchas ocasiones, nos muestra elementos dañados en la autoestima.

En esta entrada aportamos algunas pautas que puedan ayudar a los maestros a una detección precoz de baja autoestima en sus alumnos y a establecer acciones encaminadas a mejorar su situación.

 

Autoestima. Una breve definición

Entendemos la autoestima como una facultad que tiene la persona para valorarse a sí misma pero que se construye de modo principal con referentes externos (Martínez Perigod, 2008, pág. 21). Es, por lo tanto, un sistema de criterios, juicios y valores que va adquiriendo poco a poco el individuo en el mismo proceso de crecimiento.

 

Indicadores de baja autoestima

Un primer acercamiento podría ser desde tres aspectos: acción, pensamiento y sentimiento; es decir, qué es lo que hace, piensa o siente un niño con baja autoestima. Debemos tener en cuenta los siguientes indicadores (Vallés Arándiga, 1998, págs. 40-42):

Con relación a lo que hace:

  • Evita situaciones que puedan provocar ansiedad o miedo, especialmente las que se derivan de sus capacidades o de su falta de ellas.
  • Se deja influir por los demás, especialmente para no manifestar rechazo, por lo que es inseguro.

Con relación a lo que piensa:

  • Suele desarrollar pensamientos devaluativos hacia su persona, sin valorar sus capacidades y poniendo el acento en lo negativo.
  • En muchas ocasiones ocurre que el niño con baja autoestima echa la culpa a los demás de las cosas que hace mal o que no hace.
  • Tiene tendencia a distorsionar sus pensamientos de forma negativa, especialmente en contra de sí mismo.

Con relación a lo que siente:

  • Se siente infeliz, triste y frustrado porque no es querido y no se siente bien consigo mismo.
  • Su actitud suele ser estar a la defensiva, por lo que en muchas ocasiones se manifiesta con agresividad y rechazo a las propuestas de los demás.

Profundizando más en el tema de los sentimientos y las relaciones con los demás, podemos encontrar actitudes significativas (Banderas, 2011, págs. 92-99):

  • Se muestran poco comunicativos.
    • En general, piensan que los demás no sienten ningún tipo de interés por ellos, por lo que tampoco se esfuerzan en comprender los sentimientos de los otros.
    • En grupo nunca son líderes ni manifiestan ideas que sean seguidas por los demás porque piensan que no les van a hacer caso; ellos solos se autolimitan.
  • Hablan de sí mismos en tono despectivo.
    • No suelen hablar bien de ellos mismos y, en ocasiones, tampoco de los demás por envidias o por esa tendencia a fijarse en lo negativo. Por el mismo motivo, en clase no se muestran orgullosos de sus logros y no quieren que los demás los vean.
    • En los casos extremos encontramos a niños que pueden llegar a autolesionarse físicamente y no solo a hacerse daño con sus pensamientos.
  • Se muestran angustiados y ansiosos ante los retos de la vida.
    • Actividades como salir a la pizarra o alguna tarea complicada provocan en ellos bloqueo, ansiedad, lloros…
    • Tienen dificultades para tomar decisiones porque no confían en su criterio.
    • El miedo al fracaso y la baja tolerancia a la frustración hacen que les cueste actuar por propia iniciativa. Por eso mismo se dejan llevar por los líderes.
    • No son capaces de verdaderas relaciones de amistad porque son incapaces de establecer relaciones de reciprocidad.
    • Les cuesta mucho estudiar de forma autónoma e independiente, por lo que creen que necesitan ayuda y preguntan constantemente lo que tienen que hacer.
  • Se muestran tímidos incluso con personas de confianza.
    • Creen que no tienen valor suficiente como personas y por eso aparece una gran timidez, para evitar exponerse al mundo y ser juzgados por su «incapacidad».
  • Se muestran agresivos.
    • Se sienten válidos mostrándose agresivos con sus compañeros, sus hermanos o con los más débiles y más pequeños que ellos. Este comportamiento les sirve para «regular» sus sentimientos porque se sienten importantes mediante el poder y el sometimiento de los demás.
    • Responden agresivamente como venganza al rechazo que creen que suscitan.
    • Muestran conductas como molestar, fastidiar o interrumpir cuando otros juegan para buscar una posición dentro de la actividad, creyendo que así podrán hacerse un hueco en el entramado social del aula.
  • Alardean de cosas materiales para ganarse el afecto de las personas.
    • Suelen llevar a clase juguetes para ser elegidos a la hora de jugar y ganarse a los demás no por lo que son sino por lo que tienen.
    • Suelen fantasear y sobreestimar habilidades que no son comprobables en el ámbito escolar para no ser descubiertos en la mentira: «en mi pueblo yo…», «cuando salgo con mis amigos…», «me dieron el premio…».
  • Muestran baja tolerancia a la frustración frente a los estudios.
    • Cuando se enfrentan a una tarea nueva o difícil se bloquean y se manifiestan con lloros o con agresividad.
    • Normalmente no les gusta enseñar su nota y la tapan para que nadie la vea, aunque sea buena.
  • Se muestran impulsivos.
    • Suelen actuar antes de pensar, se dejan llevar por la inercia o por la impulsividad, normalmente no se plantean ni el porqué de sus actos ni las consecuencias de estos.
  • Se muestran desmotivados y se distraen con facilidad.
    • Se desconectan de lo que está a su alrededor, y en muchas ocasiones se quedan mirando al infinito durante un tiempo suficiente para perder el hilo de las explicaciones.
  • Perciben sus éxitos como producto de la suerte y los fracasos como mérito propio
    • Para ellos, el fracaso es fruto de sus capacidades intelectuales y el éxito se atribuye a golpes de suerte, por eso no encajan bien los elogios, porque no saben recibirlos y no los acaban de creer.
  • Se muestran faltos de energía.
    • Al contrario del despliegue de energía que suele tener un niño o una niña de esta edad, los niños con baja autoestima se muestran sin motivación, sin capacidad de iniciar tareas.
  • No se preocupan por su aspecto físico.
    • Suelen ser descuidados, poco limpios y no cuidadosos con su aspecto físico, lo que redunda negativamente en la aceptación de los demás.
  • No se preocupan por su futuro.
    • Al no estar emocionados con su presente, tienen pocas expectativas de futuro, no se preocupan por él y tienen pocos sueños.

José Vicente Bonet describe en una serie de actitudes las posturas habituales de una persona que no se estima ni se acepta a sí misma (Bonet, 1997, págs. 30-32):

  • Indecisión crónica
  • Autocrítica negativa
  • Deseo excesivo de complacer
  • Hipersensibilidad a la crítica
  • Tendencias depresivas
  • Perfeccionismo
  • Exagerada irritabilidad sin motivo que la sustente
  • Culpabilidad neurótica

 

Bibliografía

  • Banderas, A. (2011). Hijos felices. Cómo reconocer su potencial y ayudarlos a reforzar su autoestima. Barcelona: Sycla Editores. Libros Cúpula.
  • Bonet, J. V. (1997). Sé amigo de ti mismo: Manual de Autoestima. Santander: Sal Terrae.
  • Vallés Arándiga, A. (1998). Cómo ayudar a desarrollar la autoestima de los hijos. Madrid: EOS.

Jesús Manuel Gallardo